MIS RAREZAS

¿Qué hacemos?

Me encantó 👏

deseo indigno

black_clouds_by_aowtnt

Mis rarezas se precipitan desde una nube oscura, una nube que apenas deja ver la tierra desde el cielo, una nube que hace pensar a los humanos que el cielo no existe, una nube sola en sí misma, con la inquietud de un agua que no apaga el incendio de la vida, con la rancia creencia que la perfección existe en lo grande, en lo poderoso, en lo adornado por la palabra fe, en lo que gana guerras… Mis rarezas prefieren no precipitarse estruendosamente y esperar a las nubes blancas por las que se entrevé un cielo azul.

.

Ver la entrada original

Anuncios

Tripas y Corazón

De poesías y cuentos, Natalia Benítez

 

yo

 

Puedo tejer mis malos crespos pelos matinales…
Y hacerme una de esas súper trenzas que se pegan al cuero cabelludo.
Puedo afinar mi cintura, o usar tacones al estilo tejano
Y dejar de abrazar este panfletario voluptuoso en el que habito
Me gustan esas noches de aceitunas, miradas y queso
Así ebria de llena luna
Descorchando aventuras de color tinto
Libertad entre plumas y vino
(Y una, y yo, mujeres varias)
Y una sigue así, a pesar de las locuras lindas
O catastróficas
Tirando cable a tierra
Y jugando con él a la tirolesa
Y una sigue, así como así…
En el tiempo
En el momento
En el espacio
Tan modesta
Tan conforme
Tan optimista
Tan uniforme
Tan quejona
Y tan leona
Circunstancias dadas
En la órbita que desorbita
Con la cabeza llena de paja
Por todo, por lo que pasa
Y nuevamente…
Son los ojos que florecen con otras miradas
Son suspiros, son los copos de arboles
Son los frutos verdes que nos maduran
Llenas de esperanzas…
Aunque suene sedentaria
Esperanza, también suena a paz y  a ciencia solidaria.

El otro día
Quise escribir de órganos heridos
En términos que no eran míos
Me dijeron que mejor no hablará de temas podridos
Porque en la anatomía de las tripas
No existen palabras  románticas.
Sólo dolores que al alma extirpan
Y así, cuando es más fácil salir de temas tétricos
Para no defecarse los unos a los otros.
Sólo mirar la carcasa de la carne, el punto g
O el ombligo, el camino de Eva, detrás de la manzana de un Adán.
Olvidarse de la sangre, de las propias venas
De todas las churas juntas.
Y en todo este desconcierto donde las hormonas cambian y cambian
Yo no me quiero callar para ser justa
No quiero alagar con farsas para ser sensata
Yo no quiero ser carcasa, yo no quiero ser discreta
Yo no quiero otorgar con mi silencio, a “verdades” falsas.
Yo sólo quiero todo aquello que me irrita y me amansa.
Yo quiero ser cuerpo, mente y alma.

NB

La isla más cercana es la fantasía

Natalia Benítez, Relatos

 

111111Estaban en el mar y yo les creí. Estaban en un bote. Con ellas vi las olas, el agua y los remos y hasta las espumas. Olí la sal y vi el verdor de las algas pasar. Vi la fantasía y la ilusión. Vi lo que construyeron y sentí la brisa que traía el océano hasta el lugar. Se cruzaron con peces de colores, con delfines y sirenas. Evitaban encontrarse con piratas, que afortunadamente se fueron por otros mares a buscar más tesoros, a asaltar otros barcos, y no les pasó nada, nada más que imaginarse una maravillosa aventura un domingo por la tarde en el jardín de la tía Rosa.

La niñez es algo que cuando se pierde de vista, toca navegar hasta el corazón, y encontrarla ahí donde la memoria es intacta y emotiva.
Pauli & Maga, a punto de llegar a una isla.

BRUJAS LOCAS Y LINDAS

Natalia Benítez, Reflexiones

 

aquelarre

Una vez le dije al querido Ricardo de la Vega (poeta) que a veces escribo muy extenso para cierto sitio, a lo que él, sencilla e inteligentemente me respondió: Los textos duran lo que tienen que durar, igual que las historias. Así que gracias a quienes se toman el tiempo de leerme.

Hoy seré breve porque cada palabra tiene su propio peso:

Quiero hablar de las brujas, esas sacerdotisas que creen en la magia restauradora de sus manos y su propio corazón. Esas que emergen desde su tristeza para explotar en mil carcajadas cuando están juntas, pero no sin antes haber tenido la valentía de llorar por sus muertos y sus penas en aquelarres o a solas. Quiero brindar por esas brujas, que aunque no han tenido pruebas, tuvieron intuisiones acertadas.

Hoy quiero hablar de las magas, de remos y galeras. De escobas y varas.

Este día, como cualquier otro, quiero recordar a aquellas, a mí, a estas, que a pesar de ser claras o a veces un poco confusas o erradas, no han perdido el misterio de su esencia.
Feliz día a todas, locas, brujas, lindas!

NB

Postal vintage

Natalia Benítez, Relatos

WhatsApp Image 2017-10-30 at 20.26.24 (1)Si vos te sentás ya no te vas a poder levantar más, y si viene el micro, yo me voy, y en casa nomás te voy a esperar, le dijo el anciano a su pareja. Ambos se rieron, ella no se enojó, pero le dijo: Hace nomás a ver cómo te va. Ambos guaraní parlante, rondaban por los ochenta años. No les faltaba la joda ni el sentido del humor, ni ese compañerismo cómplice y amigable. Ella tenía un problema en la columna y estaba un poco inquieta. Él le pidió que no se sentara pero que caminara un poco, si estaba cansada de pararse. Bueno respondió ella – Caminá alrededor mío, en círculo, porque así yo te voy a atajar si veo que te vas a caer – le dijo él , y así los dos giraban en compás, como un solo carrusel lleno de historias. En sus miradas había pactos, magia y hazañas. Eso debe ser el amor, el que a veces toca o no nos toca, pero se nos cruza y nos sopla de cerca. Les pregunté dónde iban – A Cañada San Rafael… el 30 amarillo nos lleva- contestó él. Este no está tan bien de su cabeza, pero no te preocupes, nunca me va a dejar acá, me dijo ella muy convencida de su poder femenino. Nos reímos los 3 hasta que vino el 37 y me subí, siguieron cuchicheando cosas a mis espaldas. Les miré desde la ventanilla del bús y seguian con sus desatadas sonrisas, joviales ellos como si estuvieran en una hermosa postal vintage.
NB

Hay aromas…

Natalia Benítez, Relatos

Dicen que existe una conexión directa entre el órgano del olfato y el sistema límbico del cerebro. Hay aromas que nos conducen al recuerdo para abrazarlo de nuevo.

 

07:00 am

Se abría la puerta del elevador. Marcar el número 14  formaba parte de su rutina matinal.  En todo el trayecto de pisos y entrepisos, percibía un aroma que le despertaba cierta atracción. Una combinación de perfume y tabaco que le remitía a un rostro varonil, a una espalda ancha, a unos  dedos finos, lo idealizó, interesante, intelectual, un poco artista y algo zarpado. Así llegaba hasta su oficina. Fantasear con esas casualidades le alegraba el día.

15:00

Valeria volvía a bajar, la cabina seguía con ese aroma peculiar. Se encaramaba por esa suerte de espectro sin rostro, nunca jamás compartieron ese metro cuadrado, pero sabía que ahí estaba él, un poquito antes, o mucho tiempo después, ambos tiempos se acercaban a ella. Entonces se dejaba abrazar por esa energía. En el fondo no sabía si tenía la intención de conocer al hombre aquel.

15:30

Una tarde, en uno de esos cafés del centro, (que también funcionaba como panadería). Leandro y ella se encontraron por casualidad (Leandro fue su primer novio).

A él le atrajo el olor a dulce de guayaba y pan recién horneado que salía de  ese local, así que entró y la vio sentada en una mesa, sin dudar siquiera la reconoció, él fue hasta la vitrina, pidió un pote de dulce, lo pagó y se acercó a la mesa de la dama – ¿Todavía te gusta el dulce de guayaba? – le preguntó. Los ojos de Valeria brillaron como nunca y  se fundieron en un intenso abrazo, ella respiró profundamente. Él no tenía la más pálida idea de lo que pasaba entre ellos, pero se quedó ahí abrazándola un largo tiempo, intentando cubrir los claros de su  ausencia. De la nada, se dieron un beso en la boca, y volvieron a ser simbiosis como antes, como catorce años atrás.  Hoy saben que ninguno de los dos se habían separado definitivamente. Y cada quién con sus aromas, defectos, y virtudes se tenían en la mente.

Valeria recuperó la voz que la emoción le robó y dijo afirmativamente  – Leandro… ¡Vos sos el del ascensor!

Natalia Benítez

Lamiga

Párrafo que habla de una noche más sin vos

Carlos Bazzano, Relatos

Suelo divagarme mucho cuando me pasa esto de no poder dormir. Generalmente pienso en todo y a la vez en nada. Pero esta vez solo pensé en vos. Anoche te pensé compañera. Te pensé de muchas formas, te pensé con tus mambos de familia, con tus exámenes de turno, te pensé en tu barrio, te pensé en mi barrio,  te pensé con tus lágrimas, te pensé con tu sonrisa,  te pensé en la marcha, te pensé entre los cascos azules y la montada,  te pensé cantando no tenemos miedo, te pensé con miedo, con bronca, con sueños, te pensé soñando, te pensé desnuda, te pensé vestida, o mejor dicho te pensé desnudándote, te pensé desnudándome, te pensé en la cama , besándote, besándome, te pensé amándome, te pensé desamándome, te pensé tan lejos y te pensé tan cerca de los besos, te sentí en algún lugar de la ciudad, y en algún lugar de la ciudad te busqué. Quizá por eso mis pensamientos te buscaron en tantas plazas que al final de cuentas eran una sola plaza. Te busqué en tantos bares que al final de cuentas eran un solo bar. Te busqué, te busqué, te busqué entre las mesas del bar y te nombré entre trago y trago, tantos tragos, tantos tontos tragos, y al final te busqué a tientas en la noche, entre veredas y callejones. Te busqué mareado de vos en todos los rincones de la casa, mareado de vos te busqué en la sala, mareado, pero en silencio, te busqué en el dormitorio. Y caí vencido de vos en la cama. Miré el techo. Y te pensé mientras miraba el techo. Te pensé tanto que mi nostalgia de vos me dibujó tu mirada. Y me quedé solo en el cuarto, con mi nostalgia de vos, mirando el techo, con el recuerdo de tu mirada mirándome desde el techo, y te miré, y te miré, y te miré. Y  te miré hasta que me dormí un flash. En ese flash  te soñé, y volví a estar contigo en el sueño, y éramos nueva y viejamente beso, abrazo, jadeo, sudor, susurro, suspiro. Te soñé intensa e insensatamente. Y fuimos tantos besos como abrazos, y los susurros eran como conjuros secretos que manaban suspiros y jadeos, y era como si las palabras amor, vida, o alegría fueran una realidad compartida. Luego desperté. Y desperté solo. En realidad no estoy tan solo compañera, la nostalgia de vos me acompaña, como siempre.

Carlos Bazzano

Amores eternos

Natalia Benítez, Relatos

#amoreseternos❤️❤️

Subía caminado rápidamente la calle 15 de Agosto, cuando de pronto logré alcanzar a una pareja de ancianos, en la esquina de Estrella. Ambos frente mío, intentando cruzar la calle, luego de haberlo logrado, llegaron al otro borde del cordón, ahí había un charquito de agua, al que no quedaba de otra que saltar un poco. El abuelo, se sostenía con un bastón de color crema, que lo llevaba en la mano izquierda, mientras su mano derecha tomaba la mano de su doña – Che ro jokota, ehasa atu ha jaha katu hesé, epó nde raeve ha nde che jokota upei (yo te voy a atajar, sigamos, salta vos primera, así vos me atajas después) -, dijo el galán de tercera edad. Así mismo fue – Ehechapa, jahasama katu viejo (viste, ya pasamos sí que) – le dijo la esposa a su compañero. Llegaron a una de esa fruterías instaladas en la vereda, y se quedaron discutiendo, el marido quería uvas y ella le recordaba que por su enfermedad no podía consumir “semejante” fruta, entonces discutían las opciones entre peras y manzanas.

Finalmente pude seguir mis pasos, apurada, como siempre, pero me quedé con esta sublime historia de dos viejos enamorados, intentando saltar un charco, uno al lado del otro, en el mismo ritmo, tomados de la mano.

#sublime 🌹

Asunción

Natalia Benítez, Reflexiones, Relatos

Me iba yo caminando tranquilamente sobre la calle Oliva, bajo el frescor que caracteriza a la ciudad en su hermosa siesta de verano (ironía). Una señora, colega peatón, con feroces rulos rojizos frente mio caminaba con cierto impulso, decisión y prisa, apropiándose de la vereda, cuando de repente, como que cayó en cuenta que ya pasó su lugar de destino, entonces, digamos qué, hizo como una suerte de marcha atrás, y terminó chocándole a una columna de la ANDE, primero hice como que no vi, y a continuación fingí que no escuché lo siguiente: “Hiiii, perdón, por favor, te choqué”, en fin – educación era la de antes –, pensé. Lo que sí que iba riéndome sola por la calle, recordando el reciente suceso, hasta que un viejo habitué de la misma zona me encaró con furia en la esquina de Alberdi y Estrella – ¿Por qué te reís de mi? – me dijo. Me río de otra cosa, le respondí. A lo que me advirtió que él era hijo de Lucifer. Tal vez quería generar cierto temor en mí. Lo que él no sabe es que le temo más a algunos que se hacen llamar hijo de Dios, y son más bestias, que al que asume que es el propio hijo del diablo. 

Asunción con sus ángeles y demonios: Sus calles, su gente, el calor y la prisa, la locura, la cordura, todos ibamos caminando solos, en la misma dirección, despidiendo risas, iras o confunciones, pero nunca la quietud.

Natalia Benítez

*Lamiga*

#Asunción #locuratransitoria