Artemática, hoy nos unimos para crear esta experiencia con vos

¿Qué hacemos?
Porque creemos que el desarrollo de la creatividad te acerca a tus potencialidades, queremos acompañarte en lo que sentís que te apasiona. Artemática hoy te ofrece la posibilidad de tomar varios talleres, para principiantes y no principiantes.

Nuestras diferentes propuestas giran en torno a la literatura, la música, la danza, las artes plásticas, el teatro y el audiovisual. Los talleres son dictados por profesionales reconocidos en sus áreas. Hace mucho venimos haciendo esto, de manera individual. Hoy nos unimos para crear esta experiencia con vos.

Párrafo que habla de una noche más sin vos

Carlos Bazzano, Relatos

Suelo divagarme mucho cuando me pasa esto de no poder dormir. Generalmente pienso en todo y a la vez en nada. Pero esta vez solo pensé en vos. Anoche te pensé compañera. Te pensé de muchas formas, te pensé con tus mambos de familia, con tus exámenes de turno, te pensé en tu barrio, te pensé en mi barrio,  te pensé con tus lágrimas, te pensé con tu sonrisa,  te pensé en la marcha, te pensé entre los cascos azules y la montada,  te pensé cantando no tenemos miedo, te pensé con miedo, con bronca, con sueños, te pensé soñando, te pensé desnuda, te pensé vestida, o mejor dicho te pensé desnudándote, te pensé desnudándome, te pensé en la cama , besándote, besándome, te pensé amándome, te pensé desamándome, te pensé tan lejos y te pensé tan cerca de los besos, te sentí en algún lugar de la ciudad, y en algún lugar de la ciudad te busqué. Quizá por eso mis pensamientos te buscaron en tantas plazas que al final de cuentas eran una sola plaza. Te busqué en tantos bares que al final de cuentas eran un solo bar. Te busqué, te busqué, te busqué entre las mesas del bar y te nombré entre trago y trago, tantos tragos, tantos tontos tragos, y al final te busqué a tientas en la noche, entre veredas y callejones. Te busqué mareado de vos en todos los rincones de la casa, mareado de vos te busqué en la sala, mareado, pero en silencio, te busqué en el dormitorio. Y caí vencido de vos en la cama. Miré el techo. Y te pensé mientras miraba el techo. Te pensé tanto que mi nostalgia de vos me dibujó tu mirada. Y me quedé solo en el cuarto, con mi nostalgia de vos, mirando el techo, con el recuerdo de tu mirada mirándome desde el techo, y te miré, y te miré, y te miré. Y  te miré hasta que me dormí un flash. En ese flash  te soñé, y volví a estar contigo en el sueño, y éramos nueva y viejamente beso, abrazo, jadeo, sudor, susurro, suspiro. Te soñé intensa e insensatamente. Y fuimos tantos besos como abrazos, y los susurros eran como conjuros secretos que manaban suspiros y jadeos, y era como si las palabras amor, vida, o alegría fueran una realidad compartida. Luego desperté. Y desperté solo. En realidad no estoy tan solo compañera, la nostalgia de vos me acompaña, como siempre.

Carlos Bazzano

Amores eternos

Natalia Benítez, Relatos

#amoreseternos❤️❤️

Subía caminado rápidamente la calle 15 de Agosto, cuando de pronto logré alcanzar a una pareja de ancianos, en la esquina de Estrella. Ambos frente mío, intentando cruzar la calle, luego de haberlo logrado, llegaron al otro borde del cordón, ahí había un charquito de agua, al que no quedaba de otra que saltar un poco. El abuelo, se sostenía con un bastón de color crema, que lo llevaba en la mano izquierda, mientras su mano derecha tomaba la mano de su doña – Che ro jokota, ehasa atu ha jaha katu hesé, epó nde raeve ha nde che jokota upei (yo te voy a atajar, sigamos, salta vos primera, así vos me atajas después) -, dijo el galán de tercera edad. Así mismo fue – Ehechapa, jahasama katu viejo (viste, ya pasamos sí que) – le dijo la esposa a su compañero. Llegaron a una de esa fruterías instaladas en la vereda, y se quedaron discutiendo, el marido quería uvas y ella le recordaba que por su enfermedad no podía consumir “semejante” fruta, entonces discutían las opciones entre peras y manzanas.

Finalmente pude seguir mis pasos, apurada, como siempre, pero me quedé con esta sublime historia de dos viejos enamorados, intentando saltar un charco, uno al lado del otro, en el mismo ritmo, tomados de la mano.

#sublime 🌹

Asunción

Natalia Benítez, Reflexiones, Relatos

Me iba yo caminando tranquilamente sobre la calle Oliva, bajo el frescor que caracteriza a la ciudad en su hermosa siesta de verano (ironía). Una señora, colega peatón, con feroces rulos rojizos frente mio caminaba con cierto impulso, decisión y prisa, apropiándose de la vereda, cuando de repente, como que cayó en cuenta que ya pasó su lugar de destino, entonces, digamos qué, hizo como una suerte de marcha atrás, y terminó chocándole a una columna de la ANDE, primero hice como que no vi, y a continuación fingí que no escuché lo siguiente: “Hiiii, perdón, por favor, te choqué”, en fin – educación era la de antes, pensé. Lo que sí que iba riéndome sola por la calle, recordando el reciente suceso, hasta que un viejo habitué de la misma zona me encaró con furia en la esquina de Alberdi y Estrella – ¿Por qué te reís de mi? – me dijo. Me río de otra cosa, le respondí. A lo que me advirtió que él era hijo de Lucifer. Tal vez quería generar cierto temor en mí. Lo que él no sabe es que le temo más al hijo de mierda, que al propio hijo del diablo. 

Asunción con sus ángeles y demonios: Sus calles, su gente, el calor y la prisa, la locura, la cordura, todos ibamos caminando solos, en la misma dirección, despidiendo risas, iras o confunciones, pero nunca la quietud.

Natalia Benítez

*Lamiga*

#Asunción #locuratransitoria

A solas…

Reflexiones, Vivi Amaral

Y te miran como no entendiendo que hacés sola, se estará aburriendo o estará esperando a alguien, pero tal vez nunca se les ocurrirá pensar que está aprovechando y disfrutando de ella misma. Sólo estar ahí, el momento.

Estando almorzando después de la playa, entendí que la gente no comprende porque a uno le gusta o disfruta de la soledad, apreciando el sonido del río, la brisa en la piel, escuchando música o leyendo un libro. Porque le temen a la soledad. Estamos tan acostumbrados al ruido y a la compañía de otras personas que nos aterra  lo desconocido y que a veces lo desconocido somos nosotros mismos – la auto ingratitud-, cuando podemos abrazarnos a nuestros pensamientos, y sentirnos desde adentro  o simplemente  estar a orillas del río sin pensar en nada más que en el sonido de las olas.

Vivi Amaral 

Un pecho insomne

De poesías y cuentos, Ricardo de la Vega

a Caissa, Musa del Ajedrez

Musa inconsciente

que pusiste en mi pecho

este amor a destiempo que deambula por entre los

sesenta y cuatro laberintos de tu embrujado infinito:

tuyo soy

y pareciera que el par de alfiles

me cruzara como si fueran

ellos la misma flecha, el viento,

la misma diagonal de una ciudad abandonada,

pero llena pulsaciones y a punto de soñar.

Te enterré bajo treinta y cinco años

y volviste a nacer más hermosa que la infancia,

más indeleble que la sangre,

y más esquiva que  Fortuna –ésa, la esposa de los errantes-.

Voy con Ruy López de escudero

y este fiancheto que esboza tu negra y última casilla.

Es un tambor mi pecho insomne

Ricardo de la Vega

Camalote ardiente

Camalotes Rojos - Luz Saldívar, De poesías y cuentos

El mundo te ofrece un anillo de fantasía y te lo ponés…

pero te conozco

te presiento

te aguardo

Sé tantas cosas de vos mi amor

Sé de tus recovecos

de tus inmensidades

de tus tormentas

de tu fluir de lluvia mansa de verano

de tus utopías

de los reptiles que te acechan también

de tus avances

de tus abismos

Sara, Graciela, Ana, Cristina, Sonia, Perla, Sofía, Elena, Edith, Sandra, Natalia, Justina, Mónica, Marcela, Teresa, Lidia, Isabel, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, nombres, solo nombres…

 

Apagá esa radio

te espero a la orilla del río

los camalotes pueden parecer un lecho poco usual

pero te prometo

el canto de los peces

el beso de las serpientes

las carcajadas de la Cruz del sur

el parpadeo de lo eterno en una insignificante

burbuja

mi loco amor

mi amor

amor

Luz Saldivar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que no

De poesías y cuentos

Que no deje de dolerte el dolor que se aprieta con los dientes,
que tiembla en la palma
hasta volverla puño, letra, rasgueo de guitarra…
Que palpita en las venas y hace hervir la sangre hasta encender el fuego que flamea en el pecho,
que arde en la mirada. Que ilumina el rumbo…
Que no deje de dolerte.
Que no deje de importarte lo importante.
Que no deje de intrigarte la pregunta imprudente,
la respuesta oportuna…
Que no deje de asombrarte
a media luz la medialuna.
Lo que hay de cierto en la certeza de la risa,
lo que hay detrás de una palabra.
Que no deje de inspirarte.
No te dejes…
No se te apaguen los ojos
ni se te seque la boca
ni se te aflojen las manos,
no se te apague la llama…

 Sara Schupmann

Febrero febril

De poesías y cuentos, Natalia Benítez

Se comían a besos en el penúltimo asiento. Se hacían cosquillas, se mordían las orejas. Jugaban a tocarse las partes íntimas, y entre pequeños forcejeos intentaban detenerse los zarpados toqueteos. Él con la voz de gallo y la barba recién salida, ella con los granos florecientes en sus rosas mejillas. Cada vez que la adolescente piel de ambos rozaba, se sentía una chispa en la atmósfera, la euforia de la juventud en sus cuerpos, y una inmensa ternura en sus miradas. Entre el amor, y los susurros al oído no sé qué se decían, de todo quizás, desde sus febriles lenguas, en sus labios se instalaron las risas con discretas carcajadas. Estaban bien, sin grandes proyecciones tal vez, tenían pulsos y latidos en la misma frecuencia. Se amaban en la mañana nro 16 de un febrero cualquiera. Creo que venían de algún lugar, después de haber estado juntos sin haber dormido nada. Ella apoyó su cabeza en el masculino regazo, él acarició la larga cabellera negra de su amada. Ella se durmió. Él empezó a aflojar el lomo lentamente, hasta que terminó acomodándose sobre la relajada espalda de su cómplice. Cerraron sus ojos, yo cerré el cuadernito donde estuve anotando sus vidas, me levanté, toqué el timbre. Me bajé. Ellos siguieron el viaje, no sé hasta donde iban, creo que a ellos tampoco les importaba mucho, porque estaban cruzados, tan cerca, tan juntos, tan el uno sobre el otro, una mañana de febrero en un micro cualquiera 💞

Natalia Benítez